De las antiguas industrias de Poblenou solo quedan las chimeneas, antes con humo para poner en marcha las fábricas, hoy sin humo para acompañar edificios de oficinas y pisos.
Son un pequeño símbolo de un barrio obrero e industrial que vivió los años difíciles con una gran energía asociativa, como todas las ciudades o barrios obreros de todo el mundo.